Cuando tirar es como cagar

 

Por: Milagros Olivera Noriega

Observo un fenómeno curioso en las jóvenes de esta, mi época. Nacidas a inicios de los años 90, las niñas -hoy mujeres- que crecimos en Latinoamérica cuando emitir el voto era tan común como depilarse las cejas o desabotonarse el pantalón para tener relaciones sexuales con un desconocido, creemos que lo hemos inventado todo en materia sexual. Que somos las primeras en tener sexo con una persona sin apellido, de esas que la noche coloca sin criterio, invitándonos a elegir.

Nosotras, las nativas digitales, andamos un poco confundidas en torno a nosotras mismas y al sexo. En los años 80, aparecen en el Perú mujeres como Maria T-Ta, cuya memorable frase, “para mí, tirar es como cagar”, sintetiza el fenómeno del que ahora somos protagonistas. Cuando María T-Ta, quien apareció poco después de las olas feministas desarrolladas en Estados Unidos, pronunciaba frases tan sinceras como la arriba mencionada, sí existía un discurso. Es decir, el discurso se hallaba en el contexto. En un espacio de rock, con clara predominancia masculina, en un país como Perú, por definición ultra conservador, la cantante se les enfrentaba sin titubeos.

En la actualidad, lo que nos hace falta es un discurso propio. Tirar por tirar es como comer sin hambre. No es rico, no se disfruta. Tirar como un acto político sí es rico. Tener relaciones sexuales sin culpabilidad posterior o sin autoestigmatizarnos también es rico. Lo que sucede ahora es que las veinteañeras no ven el sexo como un acto político. Hemos nacido en otra época, es cierto. Mi generación no supo de coches bombas, pero sí de un Presidente que mandó esterilizar a la fuerza a mujeres humildes. Hoy, vemos en el sexo un arma de placer, pero nada más. Y eso, finalmente, nos juega en contra al igualarnos a quienes menos deberíamos parecernos.

Los dictadores como Alberto Fujimori ven nuestros cuerpos como armas y por eso quieren coactarlos. No seamos como aquellos que –históricamente- más daño nos han causado. Cuando las mujeres peruanas más pobres fueron arbitraria y dolorosamente esterilizadas durante la década de los 90, no pudieron decidir. Nosotras, que nacimos con la fortuna de sí poder resolver (parcialmente) qué hacer con nuestros cuerpos, busquémosle una razón coherente a nuestros actos y continuemos con la lucha.

Tirar podía ser como cagar en 1980, no ahora. Lo que se necesita en la actualidad, son jóvenes pensantes que no vean ni su cuerpo ni el sexo como un arma. Un arma daña, causa perjuicio, busca quebrantar a una segunda persona. Nuestros cuerpos femeninos y todo lo que podemos hacer con ellos, no. Veámoslos como hermosos instrumentos de sublevación en contra de la construcción cultural de la que hablaba, en 1949, Simone de Beauvoir a través del libro “El segundo sexo”.

Cuando hablo de continuar la lucha me refiero a ser empáticas. Pensar en la joven humilde que fue ultrajada sexualmente, y arriesgó su vida al acudir a un consultorio clandestino, en el cual le realizaron un aborto por poco más de 200 soles. Y en la muchacha universitaria de clase media, que pagó 500 dólares para que le practiquen un aborto en el consultorio de un prestigioso médico que atiende en una clínica privada. Pensemos en todas ellas y asumamos que su rostro puede ser el de una amiga, alguna prima o el de nosotras mismas. Pensemos en el aborto como un derecho humano.

Si no tenemos un discurso que acompañe nuestros encuentros sexuales casuales, probablemente no podamos disfrutarlos con la plenitud que nos merecemos. Para ello, mujeres, propongo un discurso. Las insto a experimentar con sus cuerpos, a descubrir nuevos orificios. A deleitarnos sin reservas. A olvidarnos que la otra persona puede contar de qué tamaño son nuestros senos. En todo caso, antes que alguien lo cuente, cuéntalo tu misma, no te inhibas, los senos, tus senos, no merecen que los resguardes. Para pensar en el sexo como un acto político, debemos reconocernos como miembros políticos activos de la sociedad. Las mujeres debemos conquistar nuestro cuerpo y así poder conquistar nuestros derechos, tan ligados a lo primero.

Nunca olvidemos que no hemos inventado nada. Que otras valientes mujeres lo hicieron por nosotras. Y que nuestra responsabilidad es continuar en esa lucha constante que es la conquista de nuestros derechos sexuales y reproductivos.

Fuente: La Mula

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