“¡A las mujeres les gusta que les demos piropos en la calle!”

chica

Por: Rena Föhr

El acoso callejero es un tópico altamente discutido en el Perú en estos días, no obstante, mi artículo en alemán sobre el tema también me trajo tantos clics como ningún post anterior (a no ser las fotogalerías). Y aunque se trate de dos culturas y situaciones distintas, los argumentos e intentos de justificaciones sobre el acoso callejero son bastante parecidos, lo que me ha llevado a analizarlos en los dos idiomas; ayer en alemán, hoy en español.

1. “¡A las mujeres les gusta que les demos piropos en la calle!”

Quien habla de las mujeres como de una masa uniforme, debería empezar a pensar desde cero otra vez… No obstante, varias personas me han preguntado si no creo que existen también mujeres a las que les gustan los piropos / comentarios sexuales o que les silben en la calle.
El hecho de que a algunas mujeres les gusta eso, se puede ver en el ejemplo de la modelo del infeliz reportaje de ATV que causó gran parte de la polémica actual en el Perú.

Negar este hecho sería igual a negar la existencia de cualquier sentimiento o punto de vista individual. Sin embargo, se deberían considerar dos hechos sobre el carácter del ser humano:

– No se lo puede catalogar por la vestimenta.
– Sentimientos y puntos de vista de un individuo jamás son generalizables.

Si por ejemplo un etíope dice que se le hacen graciosos los chistes sobre el hambre en su país, ¿se deduce que se pueden aplicarles esos chistes a todos los etíopes? Lo dudo mucho.

2. “¡Si las mujeres no quisieran que las consideráramos sexys, no usarían ropa escasa!”

Indudablemente hay diferencias graduales respecto al nivel provocativo/ajuste de la vestimenta. La elección de ropa, no obstante, no depende solamente del deseo de parecer lo más o lo menos sexy posible:
Primero, existe el clima que a veces suele ser muy caliente en varios partes de la tierra. Éste indica ropa de tejido corto y ligero (si uno no considera batas blancas de lino como última moda).

Segundo, existe el gusto personal. Antes de todo, escojo mi vestimenta no para gustarles a otros sino a mí misma en el espejo. Un ejemplo: Como considero mi escote bonito, de vez en cuando me pongo ropa que lo enseña. Y eso en ocasiones variadas: no solamente en fiestas de la uni, sino también de la familia. Este hecho debe cuestionar un poco la tal teoría de „querer ser considerada sexy”…

Pero a veces, y eso tampoco debería ser negado de manera general, una mujer sí quiere despertar el interés de hombres (o de mujeres) a l@s que ella considera atractiv@s, y utiliza como medio, prendas que resaltan su figura. Y si entonces la mirada del deportista guapo enfrente se le desliza hasta su escote, eso tal vez no se sienta mal.
Sin embargo: Si una mirada accidental se convierte en una mirada duradera y penetrante o si se degenera en comentarios sexuales, hasta el surfista más guapo de repente aparece repugnante. Y eso lleva al próxima argumento.

3. „¡Las mujeres guapas en ropa apretada simplemente despiertan al instinto masculino!“

Esa afirmación la puedo, igual a mis amigos hombres, confirmar: Muchos hombres (y también mujeres – vean el punto 4) reaccionan fuertemente a un estímulo visual. Con “fuertemente” no obstante no me refiero a la acción de manifestar el impulso alborotando y silbando, sino más bien a un erótico episodio en la propia imaginación. No se puede culpar a nadie por su instinto, pero sí por expresarlo con comentarios indeseados. Porque acciones, al contrario de pensamientos, son controlables.

4. „¡Quien sabe si las mujeres no reaccionarían igualmente si los hombres se vistieran tan provocativamente como ellas!”

Las mujeres – hasta Joyce Guerovich está consciente de ese hecho – también poseen instintos! Lo que ella aparentemente no sabe: Definitivamente existen hombres los que exponen su cuerpo en público. Una caminata de media hora en un barrio cerca de las playas de Río de Janeiro, en la periferia de São Paulo y seguro en muchos otros lados de la tierra bastan para ver suficientes sixpacks para meses enteros. ¿Eso despierta a mi instinto? Sí. ¿Por eso les silbo y les grito a esos hombres? No. Y tampoco he visto que otras mujeres lo hubieran hecho.

5. “¡A mí me encantaría que las mujeres me silbaran!”

Y otra vez llegamos al punto de que los sentimientos no son generalizables y que no se puede deducir del propio punto de vista a los de otros. Un filosofo tímido tal vez prefiera escuchar cumplidos por sus conocimientos sobre Kant que alborotos sobre su pecho bien formado. ¡O tal vez no!Pero: ¿En sus imaginaciones, estimados defensores del argumento número 5, acaso no son modelas con medida de 90-60-90 que se enloquecen tanto por sus cuerpos que no pueden controlar su boca? ¿Cómo se sentirían en cambio cuando una compañía de obreras callejeras llegando a sus 60 años les gritaría obscenidades? ¿O un grupo de homosexuales, fuertes y teniendo mayoría, cuyos instintos ustedes “acaban de despertar“?

(Y sí, los hombres también suelen ser víctimas de acoso callejero. Sobre eso me relataron amigos que, nada sorprendiente, se sintieron tan incómodos como las mujeres a las que les había pasado).

¿Eso quiere decir que solamente gente sumamente atractivo tiene permiso de silbar y pronunciar comentarios sexuales? No! Eso quiere decir que nadie tiene permiso.

Porque si ya los sentimientos no son algo generalizable, por lo menos hay algo que sí lo es:
La necesidad del respeto mutuo. Y ése, pues, exige guardarse sus pensamientos sucios en la calle por si mismo.

Fuente: latinamericandiary.com

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