Qué debieron hacer los estudiantes de la UPC

Qué debieron hacer los estudiantes de la UPC

Foto de: Espacio360

Por: Gustavo Faverón Patriu

Todos o casi todos habrán visto ya el video. Una chica parada ante la puerta del campus de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas se ve confrontada por un puñado, quizá una o dos decenas de estudiantes de la UPC, que la miran de arriba abajo, le sueltan más de un comentario agresivo, le botan el humo de sus cigarrillos en la cara y, finalmente, para redondear la faena, le lanzan monedas. Cuando el video fue publicado por primera vez se dijo que se trataba de una joven (no universitaria) que había acudido a la UPC a pedir fondos para una investigación independiente sobre la educación en el Perú y que, ante la negativa de la universidad, había optado por pedirlos directamente a sus estudiantes, tras explicar su proyecto en voz alta ante las puertas del campus. Se dijo también que la reacción inmediata de los alumnos había sido ese carnaval de burlas groseras y desplantes que hemos visto y escuchado en la grabación.

Casi de inmediato hubo una reacción explicativa de varios estudiantes que decían haber sido testigos de todo el asunto: la chica, en verdad, no había hecho nunca el intento de dialogar ni había expuesto plan alguno. Simplemente, había insultado a los estudiantes en general, refiriéndose a ellos como pitucos ignorantes, hijitos de papás, niños engreídos, “fumones” y buenos para nada, privilegiados por un sistema educativo que a ella, en cambio, la dejaba de lado. Las imágenes, entonces, no atestiguaban una agresión sino la respuesta a una agresión.

Aunque esa ampliación del contexto parece zanjar la discusión, la verdad es que la deja abierta en muchos flancos. Ciertamente, no es una actitud loable la de pararse frente a una universidad a lanzar insultos universales a sus estudiantes: implica una serie de prejuicios y generalizaciones y la reiteración de unos estereotipos que, sin ninguna duda, deben resultar ofensivos para los miembros de esa comunidad universitaria. Por otra parte, sin embargo, la respuesta de los estudiantes que figuran en el video es, por decir lo menos, deprimente. ¿Cuántos estudiantes de la UPC fueron capaces de dar una respuesta razonable ante el ataque? ¿Cuántos, en cambio, vieron en esa circunstancia una oportunidad para la respuesta gregaria y primitiva, el insulto, la demostración de una agresividad pareja a la agresividad de las críticas, y, peor aun, la escenificación pública de muchas de esas cosas de las que se les acusaba (el aire de superioridad, el menosprecio ante el otro, la impresión de sentirse parte de una comunidad elitista en la cual ese otro no puede ni debe ser recibido)? Lamentablemente, la respuesta a la primera pregunta es: muy pocos, o ninguno; y la respuesta a la segunda pregunta es: muchos, prácticamente todos los que aparecen en el video.

Pasados varios días del hecho, da la impresión de que casi nadie en la UPC ha visto en este incidente una oportunidad para pensar acerca del lugar de la universidad en la sociedad y el lugar específico de la UPC en la comunidad universitaria peruana. Las defensas posteriores de sus propios estudiantes han sido, cuando mucho, reacciones incidentales, accidentales, referidas al pequeño lío callejero, como si en verdad ese fuera el alcance máximo del problema. No lo es.

El marco general del problema es mucho mayor y —no importa la mala manera en que esta muchacha lo haya puesto sobre el tapete— ésta sigue siendo una ocasión para reflexionar sobre él. El sistema educativo peruano es transparentemente clasista y segregacionista, diseñado para la profesionalización sin reflexión, es decir, es antiintelectual, prefiere a quienes pueden pagar mucho sobre quienes necesitan pagar menos, se centra en quienes han recibido una educación escolar exitista y pragmática y alimenta esas tendencias, descarta a la mayor parte de la población urbana marginal y desconoce la existencia misma de los escolares no hispanohablantes.

Para colmo de males, desde hace mucho tiempo, el sistema universitario ha empezado a asumir el perfil de una sociedad tribal, fomentando en los estudiantes una ciega identificación con las instituciones que los acogen como si esas instituciones no formaran parte de un cuerpo mayor. Los estudiantes de una universidad están monotemáticamente interesados en el título que obtendrán de ella y en que la imagen de esa universidad sea recibida positivamente, pero no les suele preocupar cuál es la contribución que ellos hacen a esa universidad ni, mucho menos, cuál es la contribución que esa universidad hace, no a la pequeña biografía de sus alumnos, sino a la historia presente y futura del país. El sistema universitario peruano está convenciendo a los estudiantes de cada universidad de que la función central de la institución es producir ejecutivos o profesionales competitivos en el mercado y no individuos competentes en la sociedad, competentes como agentes y ciudadanos, como parte de un colectivo.

Dentro de esa visión, claro, el gran problema de los estudiantes de la UPC, en este caso específico, según parecen verlo, es demostrar que no son todas esas cosas que se dicen de ellos, pero de ninguna manera parece molestarles el hecho simple de que quizás esa universidad, quizás la mayor parte de las universidades peruanas, han dejado de ser universidades en el sentido original, es decir, han dejado de ser focos de reflexión y pensamiento, para reducirse a ser instancias de legitimación social y acreditación de expectativas laborales. A mí, personalmente, la UPC me demostrará que es una universidad viable (no como empresa ni como negocio, sino como promotora de inteligencia y debate) si aprovecha esta ocasión para someter a discusión ese tema mayor. No es difícil imaginar que cualquier gran universidad, cualquier buena universidad, en el mundo, tomaría el toro por las astas en una coyuntura así, y haría con ella lo que las universidades deben hacer siempre: analizarla, estudiarla, llegar a conclusiones.

Podemos conversar mucho acerca de qué cosa es una buena universidad y qué cosa es una mala universidad, pero partamos de una idea elemental, en la que todos deberíamos estar de acuerdo: una universidad no es una institución cuyos miembros deban responder a los insultos con insultos, a los gritos con gritos, a los prejuicios con prejuicios, a los estereotipos con estereotipos, a la confusión con altanería y a la desorientación con burlas.

Fuente: Espacio360

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10 comentarios en “Qué debieron hacer los estudiantes de la UPC

  1. oye Gustavo Faverón Patriu publicas webadas los estudiantes jamas los estudiantes empezaron a mirar feo.en la universidad hay estudiantes de provincia .informate mas la chica empezo a molestar a los estudiantes.Es cierto que los estudiantes actuaron de una forma agresiva y mercen una sancion ,pero no es para que ti digas estupideces

    • Estimado, acabas de demostrar el punto que expone Gustavo, te recomiendo que leas nuevamente el post y lo proceses, no es un ataque hacia ustedes, él descirbe una realidad innegable, debemos afrontar este tipo de situaciones de diferente manera, sin insultar ni alterarse

  2. Esta es una muestra, un ejemplo evidente que nuestra sociedad si está conformada por personas que forman parte clases sociales diferentes en lo fundamental en el aspecto económico, que es al final de cuentas lo que lamentablemente te distingue en esta sociedad; la nuestra es una sociedad clasista, se quiera o no, las diversas manifestaciones como el caso materia en comentario, es una expresión de esta sociedad real; lo que queremos o quisiéramos de nuestra sociedad, dista mucho de lo que realmente es.

  3. Quizas la victima un poco equivocada pero admirable su Valentia al enfrentarse a la turba de chongueritos. De hecho se abre un debate sobre la igualdad de acceso a las universidades y el reclamo en diferentes estilos de la juventud descuidada e ignorada por Los gobiernos anteriores, esto succeed en una sociedad sibdesarrollada, Por lo contrario en una sociedad saludable existen diferentes mecanismos para segue una carrera professional, por ejemplo prestamos y becas con equidad. Lamentable Los chongueritos de esa universidad, pero hasta ahora con suerte por haber nacido en un lugar donde recibieron apoyo, pero al pasar el tiempo muchos recibiran de su propio humo, digo medicina. Pucha sorry que lapsus …

  4. ¿De dónde sacan todo ese discurso de la exclusión? Si lo que dicen los estudiantes que estuvieron ahí es verdad, la misma escena se pudo haber dado en cualquier puerta de cualquier campus y con cualquier actor, sólo modificando, en algunos casos, las supuestas palabras de ataque de la persona visitante. A ver, parémonos en la puerta de San Marcos a gritarles a los estudiantes que son tal por cual. La reacción podría ser la misma o muy similar.
    Ustedes han puesto este vídeo en Youtube con un título tendencioso, en dónde una persona pensante, que no se deja manipular por este tipo de desinformación, se puede dar cuenta de que faltan demasiados datos para juzgar o siquiera comprender qué tipo de fenómeno se está dando. Realmente es lamentable su irresponsabilidad, su falta de objetividad, su negligencia.
    Exclusión claro que hay en este país, pero el tema debe ser tratado cuando estemos seguros de que se está dando y no guiados por apariencias, prejuicios o malas intenciones.
    Las universidades pueden tener problemas, seguro; pero ustedes me hacen ver que los líderes de opinión, los líderes políticos, o los que pretenden serlo, también están muy mal en este país. No todos nos dejamos llevar tan fácilmente, señores.

    • Totalmente de acuerdo Fabian, esta información es por demás tendenciosa y fomenta el odio. Para ellos los que estudiamos en universidades privadas somos capitalistas salvajes e ignorantes que menospreciamos a todos.

  5. Querido “colectivo dignidad”, ¿Por qué no publicas acerca de la presencia de mafias en las universidades nacionales? Los arreglos entre “dirigentes” estudiantiles y autoridades de las facultades para enquistarse en el poder. Lo que ustedes pretenden es desacreditar a las universidades privadas con su discurso retrogrado de crítica al sistema. ¿Por qué no publicas acerca de la presencia de grupos radicales en las universidades estatales? Tratas de alimentar el odio de las masas hacia personas que cuentan con cierta facilidad económica y que desean acabar rápido su carrera, sin problemas, sin paros, sin toma de facultades. Yo estudio en una universidad privada y aunque no es perfecta, la gente allí va a estudiar, claro algunos van a hacer hora como se dice, pero nadie va a hacer politiquería barata como ustedes, ni vemos a los estudiantes eternos que terminan en 15 años una carrera de 5.

    • Yo estudié en San Marcos y en la PUCP, carreras distintas. Ingresé a ambas universidades casi al mismo tiempo. En la PUCP terminé mi carrera normalmente y actualmente ejerzo mi profesión. En San Marcos lamentablemente no he podido terminar mi carrera y al final opté por retirarme y terminarla luego en la Antonio Ruíz de Montoya. ¿Saben por qué? Porque en los últimos años que yo estuve ahí fue realmente insufrible tener que soportar a esa tira de desgraciados tomando las facultades, haciéndome perder el tiempo, haciéndome perder clases, teniendo que ver sus carteles ridículos, no permitiéndome la salida de la Facultad de Letras por sus “encerronas” detestables en protesta por sus estupideces. “La lucha” por el comedor, “la lucha” por la pared, “la lucha” por fulanito, “la lucha” por menganito… oigan, aprendan a ser gente y a ser menos resentidos y miserables. Yo siendo joven no tenía plata (en la PUCP estaba en la escala más baja de pago) y he comido en el comedor. Pero uno la tiene que saber hacer; uno no puede andar quejándose y pataleando como imbécil, que así me quedo miserable y mediocre de por vida. Ahora mismo sería un profesional egresado de San Marcos, la universidad de mis padres, si no fuera por esta sarta de trasnochados que embarran a todos con su mediocridad. Y no quiero que me malinterpreten. De mis años en San Marcos he obtenido grandes amistades, de mis compañeras sanmarquinas tuve a mis dos últimas novias. Con San Marcos yo protesté en el 2000 contra el chino rata. Pero yo me valoro lo suficiente para no joderme la vida por quítame esta paja, por estupideces y por una tira de mediocres desfasados que pretenden hacer de los estudiantes su corral de ovejas. Yo no soy ganado, así que me largué a estudiar nuevamente a una particular, donde hay respeto y donde se cumplen los planes de estudio y los acuerdos previos. Sería maravilloso que una estatal peruana como San Marcos funcionara así, pero en mis últimos años ahí, no fue el caso, fue una experiencia de mierda, indigna y mediocre, no por los profesores, no por las clases, no por el plan de estudios (que son de primera), sino por su comunidad hasta las huevas, llena de complejos, que tiene el poder de hacer y deshacer cuando les pega la regalada gana, sin respetar a otros estudiantes que sí queríamos estudiar y ejercer en nombre de nuestra casa de estudios.

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